Aunque la neumonía y la fibrosis pulmonar tienen mecanismos patológicos diferentes, ambas afectan la función pulmonar normal y, por lo tanto, comparten muchas manifestaciones clínicas similares. Sin embargo, difieren en la velocidad de desarrollo de los síntomas y en determinadas características.
La neumonía suele presentarse con inicio agudo o subagudo. Las mascotas afectadas desarrollarán tos, que puede ser húmeda y productiva, con secreciones sanguinolentas en casos graves. La fiebre es una manifestación común de la neumonía bacteriana y las mascotas pueden volverse letárgicas, mostrar disminución del apetito o rechazar por completo la comida. La respiración rápida y la dificultad respiratoria son señales de advertencia obvias. Es posible que notes que el abdomen de su mascota se agita dramáticamente al respirar, que sus fosas nasales se dilatan o incluso que respira con la boca abierta. La neumonía grave puede provocar falta de oxígeno, que se manifiesta como cianosis con encías y lengua de color azul violeta.
Los síntomas de la fibrosis pulmonar tienden a ser más insidiosos y graduales. Las primeras etapas pueden implicar solo una leve intolerancia al ejercicio, y los dueños notan que su mascota se muestra reacia a caminar o se queda sin aliento rápidamente. La tos seca es una presentación típica, generalmente sin flema y que empeora después del ejercicio o la excitación. A medida que avanza la enfermedad, se producen dificultades respiratorias incluso en reposo. Los pacientes en etapa terminal pueden desarrollar cianosis, pérdida de peso grave y signos de insuficiencia cardíaca derecha. A diferencia de la neumonía, los pacientes con fibrosis pulmonar normalmente no presentan fiebre a menos que se complique con una infección secundaria.