El diagnóstico de pancreatitis requiere una evaluación integral que combine síntomas clínicos, pruebas de laboratorio y estudios de imagen. Debido a que los síntomas son similares a los de otras enfermedades del sistema digestivo, el diagnóstico preciso a veces puede ser un desafío.
Los análisis de sangre son el primer paso en el diagnóstico. La prueba de inmunorreactividad específica de la lipasa pancreática es actualmente el método de diagnóstico hematológico más preciso, con un alto valor diagnóstico tanto en perros como en gatos. Las pruebas tradicionales de amilasa y lipasa, aunque siguen siendo útiles como referencia, tienen una especificidad menor. El examen de ultrasonido abdominal puede observar directamente cambios morfológicos en el páncreas, detectando agrandamiento pancreático, inflamación del tejido adiposo circundante y posibles complicaciones. El examen de rayos X, aunque no puede mostrar directamente la inflamación pancreática, puede ayudar a descartar otras enfermedades.
Los planes de tratamiento dependen de la gravedad de la afección. Los casos leves pueden tratarse de forma ambulatoria, mientras que los casos graves requieren hospitalización para un seguimiento intensivo. El núcleo del tratamiento es la atención de apoyo, que incluye fluidoterapia intravenosa para corregir la deshidratación y los desequilibrios electrolíticos, medicamentos antieméticos para controlar los vómitos y analgésicos para aliviar el malestar abdominal. Anteriormente se creía que se debía permitir que el páncreas descansara mediante un ayuno completo, pero la medicina veterinaria moderna aboga por reanudar pequeñas cantidades de alimentos lo antes posible una vez que la condición se estabiliza para mantener la salud intestinal. Es posible que se necesiten antibióticos si existe riesgo de infección. Los casos graves pueden requerir transfusión de plasma u otras medidas de tratamiento avanzadas.