Las mascotas mayores son especialmente propensas a desarrollar el síndrome de dolor miofascial, estrechamente relacionado con los múltiples cambios que sufren sus cuerpos con la edad. Lo primero y más importante es la compensación postural. Cuando las mascotas experimentan dolor debido a artritis, displasia de cadera u otros problemas esqueléticos, instintivamente alteran su postura de pie, sus patrones de caminar y sus posiciones acostadas para reducir la carga sobre las articulaciones afectadas. Si bien esta compensación proporciona un alivio a corto plazo, con el tiempo genera tensión adicional en otros grupos de músculos.
Considere un perro con artritis de cadera que transfiere más peso a sus patas delanteras para reducir la carga en los cuartos traseros. Esto significa que los músculos de las patas delanteras, los hombros y el cuello deben soportar una carga de trabajo mayor que la normal. Día tras día, estos músculos sobrecargados se fatigan y se tensan, y eventualmente forman puntos gatillo. Al mismo tiempo, los músculos de la espalda pueden permanecer continuamente tensos para proteger la cadera dolorosa, creando otra área problemática.
La artritis en sí misma también es una importante causa de problemas fasciales. La fascia que rodea las articulaciones está estrechamente conectada a las cápsulas articulares, y cuando las articulaciones se inflaman, la fascia circundante también se ve afectada, volviéndose tensa y sensible. Además, la disminución natural de los niveles de actividad entre las mascotas mayores contribuye al problema. El ejercicio insuficiente hace que la fascia pierda elasticidad, se vuelva rígida y más propensa a adherencias y puntos gatillo.