Reconocer las señales tempranas de advertencia de la enfermedad renal crónica es crucial para una intervención oportuna, pero estas señales a menudo son sutiles y fácilmente pasan desapercibidas o se confunden con cambios normales del envejecimiento. Los cambios tempranos más comunes y característicos ocurren en los hábitos de beber y orinar. Cuando los riñones no pueden concentrar eficazmente la orina, las mascotas producen grandes volúmenes de orina diluida, lo que provoca una mayor pérdida de agua. Para compensar esta pérdida, aumentan significativamente la ingesta de agua. Si nota que su mascota bebe más agua que antes, busca con frecuencia fuentes de agua adicionales, como grifos o inodoros que gotean, o los tazones de agua necesitan rellenarse con más frecuencia de lo habitual, estas son señales que vale la pena tener en cuenta.
Los cambios en la micción corresponden a cambios en la bebida. El volumen de orina aumenta notablemente, lo que posiblemente requiera viajes al aire libre más frecuentes para los perros o una limpieza más frecuente de la caja de arena para los gatos. El color de la orina se vuelve más claro, acercándose al color del agua clara, lo que refleja la disminución de la capacidad de concentración del riñón. Algunas mascotas pueden sufrir accidentes de eliminación en interiores debido al aumento del volumen de orina, especialmente durante la noche o cuando los dueños no están. La aparición de estos cambios debería incitarlo a programar un examen veterinario, incluso si su mascota parece normal.
Otros síntomas a los que hay que prestar atención incluyen disminución del apetito y pérdida de peso, que pueden estar relacionados con las náuseas causadas por la acumulación de toxinas en el cuerpo. Los vómitos, especialmente los frecuentes o persistentes, son una manifestación común de la progresión de la enfermedad renal. El mal aliento, especialmente con el característico olor a amoníaco de la uremia, merece gran preocupación. La disminución de la calidad del pelaje, volviéndose seco y opaco, refleja un deterioro del estado nutricional general. La debilidad y la actividad reducida pueden estar relacionadas con la anemia y los trastornos metabólicos generales. Cuando uno o más de estos síntomas aparecen simultáneamente, se debe buscar una evaluación veterinaria inmediata, ya que el diagnóstico temprano puede asegurar un tiempo valioso para el tratamiento.