La disminución del apetito en las mascotas mayores rara vez se debe a una sola causa, sino que generalmente es el resultado de múltiples factores que trabajan juntos. En primer lugar, la principal causa fisiológica es el deterioro natural del olfato y del gusto. Las mascotas dependen en gran medida del olor para determinar el atractivo de la comida, y cuando su sensibilidad olfativa disminuye, la comida que alguna vez les hizo babear de repente puede parecer insípida y poco interesante. Los estudios sugieren que los perros y gatos mayores de diez años pueden experimentar una reducción del treinta al cincuenta por ciento en la función olfativa.
Los problemas de salud bucal constituyen otro factor importante. Las enfermedades periodontales, los dientes flojos, las úlceras bucales o los tumores pueden transformar el comer en una experiencia dolorosa. Muchas mascotas mayores no están dispuestas a comer, sino que les resulta físicamente incómodo comer. El debilitamiento de la función del sistema digestivo también afecta el apetito, ya que la disminución de la producción de ácido del estómago y la motilidad intestinal más lenta pueden causar malestar que instintivamente les hace evitar la comida.
Las enfermedades crónicas como la enfermedad renal, la enfermedad hepática, los problemas de tiroides, la diabetes o el cáncer pueden afectar significativamente el apetito. Los efectos secundarios de ciertos medicamentos también pueden provocar náuseas o alteraciones del gusto. Además, no deben pasarse por alto los factores psicológicos. Las mascotas mayores pueden tener dificultades para agacharse para alcanzar sus platos de comida debido al dolor en las articulaciones, o la disfunción cognitiva puede hacer que olviden cuándo y dónde se sirven las comidas.